Lengua castellana
Taller creativo: la narración
Actividad 1
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Actividad 1

¿Cómo son los textos narrativos literarios?

Antes de ponernos a escribir es necesario saber cómo hacerlo. Por eso lo primero que vais a hacer es ver cuáles son los aspectos estructurales y pragmáticos y las técnicas narrativas que emplean los autores de los libros que leéis.

Estad atentos, porque al principio sólo vais a repasar lo que habéis visto el curso anterior, pero después… vais a descubrir muchas cosas nuevas.

¿Qué recordáis de lo que estudiasteis el año pasado sobre la narración? Si tuvieseis que explicarle a alguien qué es una narración, ¿qué le diríais?

Elementos de la narración

Ahora recordad lo que ya sabéis de los textos narrativos literarios. Para ello, mirad el siguiente cuadro y, si no recordáis algo, haced clic sobre la palabra de la que queráis información.

ELEMENTOS
Personajes
Tiempo

Un ejemplo práctico

¿Quieres recordarlo con un ejemplo práctico? Aquí lo tenéis. Pero prestad atención porque después vais a tener que realizarlos vosotros mismos:

En el siguiente enlace tienes el libro de Elvira Lindo Pobre Manolito.

No os asustéis. Al abridlo veréis que es un archivo muy extenso. Sin embargo, de momento, sólo vais a utilizar el Capítulo titulado “La banda de los Pies Sucios”, es decir, el capítulo trece, que aparece de la página 50 a la 52.

Podéis descargarlo para subrayar los elementos según las indicaciones que se os presentan a continuación.

Nota: Haciendo clic sobre el elemento que más os interese aparecerá la solución a la actividad.

NARRADOR/A –AUTOR/A

Haced clic aquí para ver los textos subrayados.

La historia la cuenta Manolito en 1ª persona (es el narrador), pero la autora es Elvira Lindo. Fijaos que en el final del texto está el nombre de la autora. Como veis, narrador y autor no son la misma persona.

Identificamos el narrador en primera persona por el uso de pronombres, determinantes y tiempos verbales. Observad lo subrayado en amarillo.

Sin embargo, hay un momento en el que el narrador emplea la tercera persona cuando cuenta cómo se constituyó la banda de los Pies Sucios. Observad cómo en ese caso los verbos pronombre y determinantes están en tercera persona. (Subrayado)

PERSONAJES

Haced clic aquí para ver los textos subrayados.

El protagonista de todo el libro es Manolito Gafotas, pero también sus amigos desempeñan un papel fundamental. El narrador nos los presenta al comienzo de la historia (Subrayado). Manolito y sus amigos tienen que enfrentarse a los “tíos del Instituto Baronesa Thyssen”, ellos son los antagonistas.

Los personajes se caracterizan por lo que hacen, lo que dicen o lo que dice el narrador u otros personajes de ellos. Por ejemplo, Yihad sabemos que es un “chulito” porque lo dice Manolito, por lo que hace y por lo que dice. Subrayado

TIEMPO

Haced clic aquí para ver los textos subrayados.

El tiempo de la historia es el siglo XX (tenéis algunas referencias que os pueden ayudar a situarlo al principio del relato (subrayado). El tiempo del relato son varios días, desde que se constituye la asociación hasta que se disuelve, según el texto unas tres semanas.

Para indicar el tiempo y el paso del tiempo, el narrador emplea varias fórmulas: señala el paso de los días, hay elipsis, fórmulas para resumir lo que pasó. (Subrayado)

Fijaos que los verbos están en pasado. En la narración podemos utilizar tanto el presente como alguno de los tiempos verbales del pretérito: el pretérito perfecto, el pretérito perfecto simple, el imperfecto, el pluscuamperfecto… cada uno de ellos tiene su valor. (Subrayado)

ESPACIO

Haced clic aquí para ver los textos subrayados.

 

Toda la acción transcurre en el barrio de Carabanchel (Madrid), pero tenemos varios escenarios: la acción comienza en casa del Orejones, continúa en el parque del Ahorcado y acaba en casa de Manolito. (Subrayado)

ACCIÓN

La acción se organiza en tres bloques:

  • Planteamiento: en los primeros párrafos se presentan los personajes (Manolito y sus amigos), el espacio (el barrio de Manolito: Carabanchel) y la época (Siglo XX).

  • Nudo: son todas las aventuras de la banda de los Pies Sucios, cómo eligen el nombre, cuál es la primera misión que llevan a cabo y cómo se transforma en una asociación cultural.

  • Desenlace: cómo se resuelve la historia: disolución de la banda, últimos párrafos.

¿Ha sido fácil? ¿A que sí? Pues ahora es vuestro turno. Escoged cualquier otro capítulo del libro y realizad el mismo procedimiento:

Seleccionad el texto y copiadlo en un documento nuevo.

  • En cuanto al narrador:

    • Identificad las frases en las cuales se utiliza la primera persona y subrayad estos textos en amarillo.

    • Observad los verbos, pronombres y determinantes que están en tercera persona y subrayadlos en color marrón.

  • En cuanto a los personajes:
    • Subrayad en gris cómo se presentan a los personajes de la historia y

    • subrayad en verde las características que describen a estos personajes.

  • Indicad las expresiones de tiempo:
    • En lila las expresiones que muestran el tiempo en el cual se desenvuelve la historia.

    • En verde claro las fórmulas para indicar el paso del tiempo.

    • En azul claro los verbos en pasado.

  • En cuanto al espacio:
    • Indicad en rosa los escenarios donde transcurre la historia.

Escribir...

Seguro que tenéis ganas de empezar a escribir. Pero ¡paciencia! No vale coger un "boli" y poner sobre el papel (o la pantalla del ordenador) lo primero que se os ocurra. Los grandes escritores no lo hacen así, así que antes de empezar id pensando:

  • Qué es lo que vais a escribir. A lo largo de las siguientes sesiones vamos a elaborar un cuento. ¿De qué os gustaría que tratase? ¿De qué género podría ser?

  • Para elaborar ese cuento, prepararemos los “ingredientes”, ya sabéis: el narrador, los personajes, el tiempo y el espacio. Considerando el tipo de cuento que os gustaría escribir, y para empezar a organizar las ideas, podría ayudar el crear en el escritorio una carpeta con el nombre NARRACIÓN DE y el número de vuestro grupo (Ej: NARRACIÓN DEL GRUPO 1).

Una vez que hayáis creado la carpeta NARRACIÓN DE… cread otras subcarpetas con los elementos de los textos narrativos que hasta ahora hemos trabajado: NARRADOR, PERSONAJES, ESPACIO Y TIEMPO y anotad en ellas, siguiendo las pautas que hemos visto en esta actividad, las primeras ideas: qué tipo de narrador vais a utilizar, qué personajes os imagináis que podrían protagonizar la acción del cuento, cuánto va a durar y en qué época se sitúa, dónde va a tener lugar… y almacenadlo en las carpetas correspondientes. Las ideas que vayáis recogiendo a lo largo de las siguientes instrucciones os van a servir para después recuperadlas y componer vuestra propia narración.

No os preocupéis de momento por todos y cada uno de los detalles, pues todavía os quedan muchas cosas por aprender, y seguro que a lo largo de esta unidad, a medida que sepáis más y más, vais a tener que cambiar cosas, modificar criterios y hacer ajustes. No hay problema: siempre podremos hacer esos cambios cuando lo consideremos oportuno.

Saber más

Listado completo de los elementos de la narración:

http://www.materialesdelengua.org/
LENGUA/tipologia/narracion/
narracion.htm

Más sobre la narración y los elementos que la forman.

Ayuda

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Autor:

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GlosarioFALSO

Esto es un glosario

Narrador/a

Es la persona que cuenta los hechos. No se debe confundir con el/la autor/a del texto. El/La autor/a es la persona real, de carne y hueso, que se inventa la historia, pero el/la narrador/a es quien, dentro de esa historia, nos cuenta las cosas. Mirad el ejemplo que tenéis a continuación en el texto de Manolito Gafotas.

En primera persona

El narrador ha participado en los hechos contados o los ha visto.

En segunda persona

El narrador se dirige a sí mismo.

En tercera persona

El narrador no forma parte de la historia, sino que se sitúa fuera de ella. Cuenta lo que le ha sucedido a otros.

Principales

Protagonista: desempeña la función fundamental.

Antagonista: quien se opone al protagonista.

Secundarios

Menos importantes que los principales

Comparsas

Aparecen sólo fugazmente.

Redondos

Presentan evolución psicológica, son complejos y no se pueden describir con pocas palabras.

Planos

Son personajes tipo, se caracterizan a grandes rasgos y no evolucionan a lo largo del texto.

Tiempo externo

Época en la que suceden los hechos narrados: el Imperio Romano, la Edad Media, la época actual… o incluso un futuro fantástico que nos imaginemos.

Tiempo interno

Cuánto dura la acción desde que empieza hasta que termina: unas horas, un día, varios días, meses, años…

Espacio

Es el lugar donde suceden los hechos. Puede ser uno sólo o varios: una calle de una ciudad, una casa, la estación de ferrocarril, un país…

Normalmente, el narrador suele utilizar la descripción para “dibujarnos” los lugares en los que se mueven los protagonistas.

Tiempo

Son los hechos que se relatan. Normalmente, en los textos narrativos organizamos la estructura de la acción en tres partes: PLANTEAMIENTO (presentamos la situación, los personajes, el espacio…), NUDO (los acontecimientos que desarrollan el conflicto) y DESENLACE (resolución del conflicto).

LA BANDA DE LOS PIES SUCIOS

La tarde de aquel sábado histórico nos comimos seis bolsas de patatas, dos de panchitos, dos de cortezas y seis de fritos. Todo eso lo regamos con unas Coca–colas de la cosecha del 95 y nos vimos una película de unos niños de esos que viven al lado de un acantilado, que forman una pandilla que investiga casos criminales y que tienen una contraseña y un cobertizo y un perro al que sólo le falta hablar.

Estábamos en casa del Orejones, de izquierda a derecha tirados en el sofá: Arturo Román, yo, el Orejones y Paquito Medina, y en los dos sillones, Yihad y el Imbécil. Yihad hacía chistes sobre esos niños y todos nos reíamos de sus contraseñas y de sus citas secretas. Estábamos en plena risa, tirándonos unos encima de otros en el sofá por lo mucho que nos gustaba burlarnos de la pandillita, cuando dijo Yihad:

–Nosotros no vamos a ser menos: tenemos que buscar un buen nombre para nuestra panda.

A los cinco minutos estábamos todos sentados buscando nombres, contraseñas y lugares secretos de reunión. Te preguntarás qué hacíamos imitando a esos de los que nos burlábamos tanto. Es una buena pregunta y sólo tiene una respuesta: no somos niños de fiar. Nunca deposites tu confianza en nosotros.

Lo que estuvo claro desde la constitución de nuestra banda es que el jefe indiscutible sería Yihad, cosa que ya sabíamos desde el principio de los tiempos, con banda o sin ella. Luego tuvimos que buscarle un nombre, y no es por tirarme el folio, pero fue a mí a quien se le ocurrió:

–Ahora que la sita Asunción nos hace lavarnos a tope todos los días para no morir asfixiada, podríamos llamarnos la banda de los Pies Sucios y hacer honor a nuestro nombre – diciendo esto me sentía completamente salvaje, yeah.

–Serás tú el que puedas, porque a mí desde que la sita dijo que olíamos putrefactamente mi madre no me deja salir si no me he lavado con estropajo todas las partes de mi cuerpo –dijo el Orejones.

–Ni a mí –dijo Paquito Medina.

La cruda realidad nos había chafado mi gran idea.

–Entonces nos llamaremos Pies Limpios – se le ocurrió al Orejones.

Le miramos de arriba abajo. ¡Pies Limpios! Una banda decente jamás se llamaría Pies Limpios. La desolación inundó el salón del Orejones.

  • Bueno, qué pasa, actuaremos sólo los fines de semana, cuando podamos ser los auténticos Pies Sucios – esto lo dijo Yihad quitándose los calcetines y pisando el suelo.

Aquel fue el principio de los Pies Sucios, aquella mítica banda de Carabanchel Alto que actuaba solamente sábados y domingos, que tenía como meta en la vida luchar contra el mal, que no tenía un perro cinematográfico, pero se conformó con la Boni, la perra de la Luisa (a la que había que llevar en brazos porque no era exactamente una perra de acción), y que no tenía un cobertizo pero que fijó el lugar de reunión en el Árbol del Ahorcado.

Los Pies Sucios debían salir por pies de casa antes de que una madre les rompiera el hechizo de su poder con agua y jabón. Los Pies Sucios se descalzaban en la calle y pisaban el suelo sin piedad hasta conseguir unos pies terriblemente negros. Los Pies Sucios tuvieron un tesorero, que se llamaba Manolito Gafotas. A este tipo le nombraron tesorero porque era un tipo de fiar y porque tenía un cerdo-hucha libre para poder meter el dinero de la banda. El dinero de los Pies Sucios se utilizaría sólo para las misiones especiales.

La primera misión especial que el jefe de los Pies Sucios propuso fue echar a los tíos del Instituto Baronesa Thyssen del parque del Ahorcado, porque habían tomado el parque como un campo de fútbol y no dejaban a los viejos y a los niños pequeños disfrutar de las magníficas instalaciones del parque con tranquilidad (las magníficas instalaciones son un banco, dos columpios, la tierra y el propio Árbol del Ahorcado). Cuando el jefe pidió voluntarios para tan arriesgada misión nadie levantó la mano. ¿Por qué? Porque los Pies Sucios aman demasiado la vida para enfrentarse con unos tíos que gastan un 43 de pie. El jefe (Yihad) dijo que no importaba que no hubiera voluntarios porque iríamos a la fuerza.

Aquel domingo maldito los Pies Sucios salieron de sus casas, se descalzaron en el parque y se sentaron a esperar a que llegara la banda del Baronesa.

A los tres cuartos de hora aparecieron. Ni nos miraron. Empezaron a tirarse el balón como bestias. Yihad nos hizo una seña y con el miedo en el cuerpo salimos al ruedo a actuar. Nos pusimos en mitad del parque para no dejarles jugar. Allí estábamos, descalzos: Paquito Medina, Arturo Román, Orejones, Yihad, Manolito y el Imbécil, los Pies Sucios.

– ¡Quitaos de en medio, enanos! – gritó uno de los Thyssen.

Pero como no nos quitamos siguieron jugando sobre nuestras cabezas. El balón sobrevolaba mis pensamientos. Por un momento me sentí como uno de esos pobres bolos a los que hay que cargarse en las boleras. Pensé en mis gafas, en lo poco que me habían durado estas últimas. Sólo se oía el chup–chup que hace el Imbécil con el chupete cuando está nervioso y las patadas que los del Baronesa daban al balón. Cerré los ojos porque me imaginaba que de un momento a otro un balonazo me derribaría y no quería verlo. No soy un niño masoquista. Pero cuando los abrí no era yo el que estaba en el suelo...

Había sucedido algo nuevo en la historia de Carabanchel Alto; por una vez en la vida no había sido yo el herido, el que estaba en el suelo era Yihad, que se llevaba la mano a la cara.

  • La culpa la habéis tenido vosotros por molestar – dijo uno del Thyssen.

Los Pies Sucios retiraron a su jefe, que no podía abrir el ojo derecho. Los del Baronesa siguieron jugando como si nada en cuanto nos llevamos arrastrando al herido. Fue la primera baja de la banda y la última, porque el jefe decidió que ese tipo de misiones especiales eran una tontería, que en realidad la tranquilidad de los ancianos y los niños le importaba un pepino.

– ¿A qué nos dedicaremos ahora? – preguntó el Orejones.

  • Seremos una asociación de carácter cultural – dijo Yihad.

Así que decidimos que el dinero del cerdo–hucha se dedicaría a actividades del tipo de visitar el puesto del señor Mariano, llenar una bolsa de chucherías y ver una película en casa del Orejones.

Volvíamos a estar como siempre, pero con tesorero. Bueno, era emocionante formar parte de la Asociación Cultural Pies Sucios y compartir el dinero con tus mejores amigos. Los sábados llegábamos a casa del Orejones, nos descalzábamos y nos veíamos una película y acabábamos con nuestras existencias y las de la madre del Orejones, que es una madre de película tridimensional. Luego, ya tarde, cuando los del Thyssen habían acabado su partido y se habían ido a los billares, íbamos al parque del Ahorcado y allí jugábamos a la película. Si había sido Robin de los Bosques, pues a Robin; si había sido Batman, pues a Batman; si Los Tres Mosqueteros, pues a los Tres Mosqueteros (Yihad siempre tenía que ser D'Artagnan; yo tenía que conformarme con lo que me cayera. En una ocasión me tocó ser el cardenal Richelieu.).

La tercera semana de vida de nuestra Asociación Cultural Pies Sucios había empezado a ocurrir una cosa muy extraña: cada vez aportábamos más dinero a la Asociación y cada vez había menos dinero. Yo había logrado disimular las pérdidas poniendo dinero de mi cerdo particular, pero llegó un momento en que los dos cerdos estaban en las últimas.

Me presenté sudando a una de nuestras sesiones en casa del Orejones. Las cuentas no me cuadraban y temía la expulsión. No pudimos comprar casi nada, pero me libré del castigo del jefe porque el Imbécil compartió su bolsa de chucherías con todo el mundo. Era una bolsa tremenda. El Imbécil iba ganando popularidad mientras yo la iba perdiendo. Se estaba convirtiendo en el protegido de Yihad. Eso era terrible para mí: era como tener al enemigo en casa.

– ¿Qué haces con nuestro dinero, Manolito? – gritó Yihad.

– ¡Eso! ¿Qué haces? – gritaron rodeándome mis mejores amigos.

Estaban a punto de hacerme un consejo de guerra cuando el Imbécil dijo:

  • El nene compra con el cerdo.

Dicho esto, y con todo el morro del mundo, se sacó un montón de monedas del bolsillo y se las puso en la mano a Yihad con una sonrisa de oreja a oreja (y tiene las orejas muy separadas). El Imbécil había estado abriéndole la tripa al cerdo todo el tiempo, comprando por su cuenta y haciéndonos regalos con nuestro propio dinero.

Nos comimos el resto, nos vimos la película y disolvimos la Asociación. Podíamos hacer lo mismo sin asociación ni nada. Al fin y al cabo siempre éramos los mismos, jugando a lo mismo y comiendo las mismas marranadas. La diferencia: cada uno con su dinero en el bolsillo, así no habría problemas ni cuentas pendientes. Los Pies Sucios no volvieron a actuar.

Aquella tarde, cuando volví a casa, mi madre borró el último recuerdo de la Asociación poniéndome los pies debajo del grifo. De algo estaba seguro: si alguno de nosotros tenía sangre fría suficiente para dirigir una banda organizada ese era... el Imbécil.


ELVIRA LINDO
Todo Manolito
Alfaguara

LA BANDA DE LOS PIES SUCIOS

La tarde de aquel sábado histórico nos comimos seis bolsas de patatas, dos de panchitos, dos de cortezas y seis de fritos. Todo eso lo regamos con unas Coca–colas de la cosecha del 95 y nos vimos una película de unos niños de esos que viven al lado de un acantilado, que forman una pandilla que investiga casos criminales y que tienen una contraseña y un cobertizo y un perro al que sólo le falta hablar.

Estábamos en casa del Orejones, de izquierda a derecha tirados en el sofá: Arturo Román, yo, el Orejones y Paquito Medina, y en los dos sillones, Yihad y el Imbécil. Yihad hacía chistes sobre esos niños y todos nos reíamos de sus contraseñas y de sus citas secretas. Estábamos en plena risa, tirándonos unos encima de otros en el sofá por lo mucho que nos gustaba burlarnos de la pandillita, cuando dijo Yihad:

–Nosotros no vamos a ser menos: tenemos que buscar un buen nombre para nuestra panda.

A los cinco minutos estábamos todos sentados buscando nombres, contraseñas y lugares secretos de reunión. Te preguntarás qué hacíamos imitando a esos de los que nos burlábamos tanto. Es una buena pregunta y sólo tiene una respuesta: no somos niños de fiar. Nunca deposites tu confianza en nosotros.

Lo que estuvo claro desde la constitución de nuestra banda es que el jefe indiscutible sería Yihad, cosa que ya sabíamos desde el principio de los tiempos, con banda o sin ella. Luego tuvimos que buscarle un nombre, y no es por tirarme el folio, pero fue a mí a quien se le ocurrió:

–Ahora que la sita Asunción nos hace lavarnos a tope todos los días para no morir asfixiada, podríamos llamarnos la banda de los Pies Sucios y hacer honor a nuestro nombre – diciendo esto me sentía completamente salvaje, yeah.

–Serás tú el que puedas, porque a mí desde que la sita dijo que olíamos putrefactamente mi madre no me deja salir si no me he lavado con estropajo todas las partes de mi cuerpo –dijo el Orejones.

–Ni a mí –dijo Paquito Medina.

La cruda realidad nos había chafado mi gran idea.

–Entonces nos llamaremos Pies Limpios – se le ocurrió al Orejones.

Le miramos de arriba abajo. ¡Pies Limpios! Una banda decente jamás se llamaría Pies Limpios. La desolación inundó el salón del Orejones.

  • Bueno, qué pasa, actuaremos sólo los fines de semana, cuando podamos ser los auténticos Pies Sucios – esto lo dijo Yihad quitándose los calcetines y pisando el suelo.

Aquel fue el principio de los Pies Sucios, aquella mítica banda de Carabanchel Alto que actuaba solamente sábados y domingos, que tenía como meta en la vida luchar contra el mal, que no tenía un perro cinematográfico, pero se conformó con la Boni, la perra de la Luisa (a la que había que llevar en brazos porque no era exactamente una perra de acción), y que no tenía un cobertizo pero que fijó el lugar de reunión en el Árbol del Ahorcado.

Los Pies Sucios debían salir por pies de casa antes de que una madre les rompiera el hechizo de su poder con agua y jabón. Los Pies Sucios se descalzaban en la calle y pisaban el suelo sin piedad hasta conseguir unos pies terriblemente negros. Los Pies Sucios tuvieron un tesorero, que se llamaba Manolito Gafotas. A este tipo le nombraron tesorero porque era un tipo de fiar y porque tenía un cerdo-hucha libre para poder meter el dinero de la banda. El dinero de los Pies Sucios se utilizaría sólo para las misiones especiales.

La primera misión especial que el jefe de los Pies Sucios propuso fue echar a los tíos del Instituto Baronesa Thyssen del parque del Ahorcado, porque habían tomado el parque como un campo de fútbol y no dejaban a los viejos y a los niños pequeños disfrutar de las magníficas instalaciones del parque con tranquilidad (las magníficas instalaciones son un banco, dos columpios, la tierra y el propio Árbol del Ahorcado). Cuando el jefe pidió voluntarios para tan arriesgada misión nadie levantó la mano. ¿Por qué? Porque los Pies Sucios aman demasiado la vida para enfrentarse con unos tíos que gastan un 43 de pie. El jefe (Yihad) dijo que no importaba que no hubiera voluntarios porque iríamos a la fuerza.

Aquel domingo maldito los Pies Sucios salieron de sus casas, se descalzaron en el parque y se sentaron a esperar a que llegara la banda del Baronesa.

A los tres cuartos de hora aparecieron. Ni nos miraron. Empezaron a tirarse el balón como bestias. Yihad nos hizo una seña y con el miedo en el cuerpo salimos al ruedo a actuar. Nos pusimos en mitad del parque para no dejarles jugar. Allí estábamos, descalzos: Paquito Medina, Arturo Román, Orejones, Yihad, Manolito y el Imbécil, los Pies Sucios.

– ¡Quitaos de en medio, enanos! – gritó uno de los Thyssen.

Pero como no nos quitamos siguieron jugando sobre nuestras cabezas. El balón sobrevolaba mis pensamientos. Por un momento me sentí como uno de esos pobres bolos a los que hay que cargarse en las boleras. Pensé en mis gafas, en lo poco que me habían durado estas últimas. Sólo se oía el chup–chup que hace el Imbécil con el chupete cuando está nervioso y las patadas que los del Baronesa daban al balón. Cerré los ojos porque me imaginaba que de un momento a otro un balonazo me derribaría y no quería verlo. No soy un niño masoquista. Pero cuando los abrí no era yo el que estaba en el suelo...

Había sucedido algo nuevo en la historia de Carabanchel Alto; por una vez en la vida no había sido yo el herido, el que estaba en el suelo era Yihad, que se llevaba la mano a la cara.

  • La culpa la habéis tenido vosotros por molestar – dijo uno del Thyssen.

Los Pies Sucios retiraron a su jefe, que no podía abrir el ojo derecho. Los del Baronesa siguieron jugando como si nada en cuanto nos llevamos arrastrando al herido. Fue la primera baja de la banda y la última, porque el jefe decidió que ese tipo de misiones especiales eran una tontería, que en realidad la tranquilidad de los ancianos y los niños le importaba un pepino.

– ¿A qué nos dedicaremos ahora? – preguntó el Orejones.

  • Seremos una asociación de carácter cultural – dijo Yihad.

Así que decidimos que el dinero del cerdo–hucha se dedicaría a actividades del tipo de visitar el puesto del señor Mariano, llenar una bolsa de chucherías y ver una película en casa del Orejones.

Volvíamos a estar como siempre, pero con tesorero. Bueno, era emocionante formar parte de la Asociación Cultural Pies Sucios y compartir el dinero con tus mejores amigos. Los sábados llegábamos a casa del Orejones, nos descalzábamos y nos veíamos una película y acabábamos con nuestras existencias y las de la madre del Orejones, que es una madre de película tridimensional. Luego, ya tarde, cuando los del Thyssen habían acabado su partido y se habían ido a los billares, íbamos al parque del Ahorcado y allí jugábamos a la película. Si había sido Robin de los Bosques, pues a Robin; si había sido Batman, pues a Batman; si Los Tres Mosqueteros, pues a los Tres Mosqueteros (Yihad siempre tenía que ser D'Artagnan; yo tenía que conformarme con lo que me cayera. En una ocasión me tocó ser el cardenal Richelieu.).

La tercera semana de vida de nuestra Asociación Cultural Pies Sucios había empezado a ocurrir una cosa muy extraña: cada vez aportábamos más dinero a la Asociación y cada vez había menos dinero. Yo había logrado disimular las pérdidas poniendo dinero de mi cerdo particular, pero llegó un momento en que los dos cerdos estaban en las últimas.

Me presenté sudando a una de nuestras sesiones en casa del Orejones. Las cuentas no me cuadraban y temía la expulsión. No pudimos comprar casi nada, pero me libré del castigo del jefe porque el Imbécil compartió su bolsa de chucherías con todo el mundo. Era una bolsa tremenda. El Imbécil iba ganando popularidad mientras yo la iba perdiendo. Se estaba convirtiendo en el protegido de Yihad. Eso era terrible para mí: era como tener al enemigo en casa.

¿Qué haces con nuestro dinero, Manolito? – gritó Yihad.

– ¡Eso! ¿Qué haces? – gritaron rodeándome mis mejores amigos.

Estaban a punto de hacerme un consejo de guerra cuando el Imbécil dijo:

  • El nene compra con el cerdo.

Dicho esto, y con todo el morro del mundo, se sacó un montón de monedas del bolsillo y se las puso en la mano a Yihad con una sonrisa de oreja a oreja (y tiene las orejas muy separadas). El Imbécil había estado abriéndole la tripa al cerdo todo el tiempo, comprando por su cuenta y haciéndonos regalos con nuestro propio dinero.

Nos comimos el resto, nos vimos la película y disolvimos la Asociación. Podíamos hacer lo mismo sin asociación ni nada. Al fin y al cabo siempre éramos los mismos, jugando a lo mismo y comiendo las mismas marranadas. La diferencia: cada uno con su dinero en el bolsillo, así no habría problemas ni cuentas pendientes. Los Pies Sucios no volvieron a actuar.

Aquella tarde, cuando volví a casa, mi madre borró el último recuerdo de la Asociación poniéndome los pies debajo del grifo. De algo estaba seguro: si alguno de nosotros tenía sangre fría suficiente para dirigir una banda organizada ese era... el Imbécil.


ELVIRA LINDO
Todo Manolito
Alfaguara

LA BANDA DE LOS PIES SUCIOS

La tarde de aquel sábado histórico nos comimos seis bolsas de patatas, dos de panchitos, dos de cortezas y seis de fritos. Todo eso lo regamos con unas Coca–colas de la cosecha del 95 y nos vimos una película de unos niños de esos que viven al lado de un acantilado, que forman una pandilla que investiga casos criminales y que tienen una contraseña y un cobertizo y un perro al que sólo le falta hablar.

Estábamos en casa del Orejones, de izquierda a derecha tirados en el sofá: Arturo Román, yo, el Orejones y Paquito Medina, y en los dos sillones, Yihad y el Imbécil. Yihad hacía chistes sobre esos niños y todos nos reíamos de sus contraseñas y de sus citas secretas. Estábamos en plena risa, tirándonos unos encima de otros en el sofá por lo mucho que nos gustaba burlarnos de la pandillita, cuando dijo Yihad:

–Nosotros no vamos a ser menos: tenemos que buscar un buen nombre para nuestra panda.

A los cinco minutos estábamos todos sentados buscando nombres, contraseñas y lugares secretos de reunión. Te preguntarás qué hacíamos imitando a esos de los que nos burlábamos tanto. Es una buena pregunta y sólo tiene una respuesta: no somos niños de fiar. Nunca deposites tu confianza en nosotros.

Lo que estuvo claro desde la constitución de nuestra banda es que el jefe indiscutible sería Yihad, cosa que ya sabíamos desde el principio de los tiempos, con banda o sin ella. Luego tuvimos que buscarle un nombre, y no es por tirarme el folio, pero fue a mí a quien se le ocurrió:

–Ahora que la sita Asunción nos hace lavarnos a tope todos los días para no morir asfixiada, podríamos llamarnos la banda de los Pies Sucios y hacer honor a nuestro nombre – diciendo esto me sentía completamente salvaje, yeah.

–Serás tú el que puedas, porque a mí desde que la sita dijo que olíamos putrefactamente mi madre no me deja salir si no me he lavado con estropajo todas las partes de mi cuerpo –dijo el Orejones.

–Ni a mí –dijo Paquito Medina.

La cruda realidad nos había chafado mi gran idea.

–Entonces nos llamaremos Pies Limpios – se le ocurrió al Orejones.

Le miramos de arriba abajo. ¡Pies Limpios! Una banda decente jamás se llamaría Pies Limpios. La desolación inundó el salón del Orejones.

  • Bueno, qué pasa, actuaremos sólo los fines de semana, cuando podamos ser los auténticos Pies Sucios – esto lo dijo Yihad quitándose los calcetines y pisando el suelo.

Aquel fue el principio de los Pies Sucios, aquella mítica banda de Carabanchel Alto que actuaba solamente sábados y domingos, que tenía como meta en la vida luchar contra el mal, que no tenía un perro cinematográfico, pero se conformó con la Boni, la perra de la Luisa (a la que había que llevar en brazos porque no era exactamente una perra de acción), y que no tenía un cobertizo pero que fijó el lugar de reunión en el Árbol del Ahorcado.

Los Pies Sucios debían salir por pies de casa antes de que una madre les rompiera el hechizo de su poder con agua y jabón. Los Pies Sucios se descalzaban en la calle y pisaban el suelo sin piedad hasta conseguir unos pies terriblemente negros. Los Pies Sucios tuvieron un tesorero, que se llamaba Manolito Gafotas. A este tipo le nombraron tesorero porque era un tipo de fiar y porque tenía un cerdo-hucha libre para poder meter el dinero de la banda. El dinero de los Pies Sucios se utilizaría sólo para las misiones especiales.

La primera misión especial que el jefe de los Pies Sucios propuso fue echar a los tíos del Instituto Baronesa Thyssen del parque del Ahorcado, porque habían tomado el parque como un campo de fútbol y no dejaban a los viejos y a los niños pequeños disfrutar de las magníficas instalaciones del parque con tranquilidad (las magníficas instalaciones son un banco, dos columpios, la tierra y el propio Árbol del Ahorcado). Cuando el jefe pidió voluntarios para tan arriesgada misión nadie levantó la mano. ¿Por qué? Porque los Pies Sucios aman demasiado la vida para enfrentarse con unos tíos que gastan un 43 de pie. El jefe (Yihad) dijo que no importaba que no hubiera voluntarios porque iríamos a la fuerza.

Aquel domingo maldito los Pies Sucios salieron de sus casas, se descalzaron en el parque y se sentaron a esperar a que llegara la banda del Baronesa.

A los tres cuartos de hora aparecieron. Ni nos miraron. Empezaron a tirarse el balón como bestias. Yihad nos hizo una seña y con el miedo en el cuerpo salimos al ruedo a actuar. Nos pusimos en mitad del parque para no dejarles jugar. Allí estábamos, descalzos: Paquito Medina, Arturo Román, Orejones, Yihad, Manolito y el Imbécil, los Pies Sucios.

– ¡Quitaos de en medio, enanos! – gritó uno de los Thyssen.

Pero como no nos quitamos siguieron jugando sobre nuestras cabezas. El balón sobrevolaba mis pensamientos. Por un momento me sentí como uno de esos pobres bolos a los que hay que cargarse en las boleras. Pensé en mis gafas, en lo poco que me habían durado estas últimas. Sólo se oía el chup–chup que hace el Imbécil con el chupete cuando está nervioso y las patadas que los del Baronesa daban al balón. Cerré los ojos porque me imaginaba que de un momento a otro un balonazo me derribaría y no quería verlo. No soy un niño masoquista. Pero cuando los abrí no era yo el que estaba en el suelo...

Había sucedido algo nuevo en la historia de Carabanchel Alto; por una vez en la vida no había sido yo el herido, el que estaba en el suelo era Yihad, que se llevaba la mano a la cara.

  • La culpa la habéis tenido vosotros por molestar – dijo uno del Thyssen.

Los Pies Sucios retiraron a su jefe, que no podía abrir el ojo derecho. Los del Baronesa siguieron jugando como si nada en cuanto nos llevamos arrastrando al herido. Fue la primera baja de la banda y la última, porque el jefe decidió que ese tipo de misiones especiales eran una tontería, que en realidad la tranquilidad de los ancianos y los niños le importaba un pepino.

– ¿A qué nos dedicaremos ahora? – preguntó el Orejones.

  • Seremos una asociación de carácter cultural – dijo Yihad.

Así que decidimos que el dinero del cerdo–hucha se dedicaría a actividades del tipo de visitar el puesto del señor Mariano, llenar una bolsa de chucherías y ver una película en casa del Orejones.

Volvíamos a estar como siempre, pero con tesorero. Bueno, era emocionante formar parte de la Asociación Cultural Pies Sucios y compartir el dinero con tus mejores amigos. Los sábados llegábamos a casa del Orejones, nos descalzábamos y nos veíamos una película y acabábamos con nuestras existencias y las de la madre del Orejones, que es una madre de película tridimensional. Luego, ya tarde, cuando los del Thyssen habían acabado su partido y se habían ido a los billares, íbamos al parque del Ahorcado y allí jugábamos a la película. Si había sido Robin de los Bosques, pues a Robin; si había sido Batman, pues a Batman; si Los Tres Mosqueteros, pues a los Tres Mosqueteros (Yihad siempre tenía que ser D'Artagnan; yo tenía que conformarme con lo que me cayera. En una ocasión me tocó ser el cardenal Richelieu.).

La tercera semana de vida de nuestra Asociación Cultural Pies Sucios había empezado a ocurrir una cosa muy extraña: cada vez aportábamos más dinero a la Asociación y cada vez había menos dinero. Yo había logrado disimular las pérdidas poniendo dinero de mi cerdo particular, pero llegó un momento en que los dos cerdos estaban en las últimas.

Me presenté sudando a una de nuestras sesiones en casa del Orejones. Las cuentas no me cuadraban y temía la expulsión. No pudimos comprar casi nada, pero me libré del castigo del jefe porque el Imbécil compartió su bolsa de chucherías con todo el mundo. Era una bolsa tremenda. El Imbécil iba ganando popularidad mientras yo la iba perdiendo. Se estaba convirtiendo en el protegido de Yihad. Eso era terrible para mí: era como tener al enemigo en casa.

– ¿Qué haces con nuestro dinero, Manolito? – gritó Yihad.

– ¡Eso! ¿Qué haces? – gritaron rodeándome mis mejores amigos.

Estaban a punto de hacerme un consejo de guerra cuando el Imbécil dijo:

  • El nene compra con el cerdo.

Dicho esto, y con todo el morro del mundo, se sacó un montón de monedas del bolsillo y se las puso en la mano a Yihad con una sonrisa de oreja a oreja (y tiene las orejas muy separadas). El Imbécil había estado abriéndole la tripa al cerdo todo el tiempo, comprando por su cuenta y haciéndonos regalos con nuestro propio dinero.

Nos comimos el resto, nos vimos la película y disolvimos la Asociación. Podíamos hacer lo mismo sin asociación ni nada. Al fin y al cabo siempre éramos los mismos, jugando a lo mismo y comiendo las mismas marranadas. La diferencia: cada uno con su dinero en el bolsillo, así no habría problemas ni cuentas pendientes. Los Pies Sucios no volvieron a actuar.

Aquella tarde, cuando volví a casa, mi madre borró el último recuerdo de la Asociación poniéndome los pies debajo del grifo. De algo estaba seguro: si alguno de nosotros tenía sangre fría suficiente para dirigir una banda organizada ese era... el Imbécil.


ELVIRA LINDO
Todo Manolito
Alfaguara

LA BANDA DE LOS PIES SUCIOS

La tarde de aquel sábado histórico nos comimos seis bolsas de patatas, dos de panchitos, dos de cortezas y seis de fritos. Todo eso lo regamos con unas Coca–colas de la cosecha del 95 y nos vimos una película de unos niños de esos que viven al lado de un acantilado, que forman una pandilla que investiga casos criminales y que tienen una contraseña y un cobertizo y un perro al que sólo le falta hablar.

Estábamos en casa del Orejones, de izquierda a derecha tirados en el sofá: Arturo Román, yo, el Orejones y Paquito Medina, y en los dos sillones, Yihad y el Imbécil. Yihad hacía chistes sobre esos niños y todos nos reíamos de sus contraseñas y de sus citas secretas. Estábamos en plena risa, tirándonos unos encima de otros en el sofá por lo mucho que nos gustaba burlarnos de la pandillita, cuando dijo Yihad:

–Nosotros no vamos a ser menos: tenemos que buscar un buen nombre para nuestra panda.

A los cinco minutos estábamos todos sentados buscando nombres, contraseñas y lugares secretos de reunión. Te preguntarás qué hacíamos imitando a esos de los que nos burlábamos tanto. Es una buena pregunta y sólo tiene una respuesta: no somos niños de fiar. Nunca deposites tu confianza en nosotros.

Lo que estuvo claro desde la constitución de nuestra banda es que el jefe indiscutible sería Yihad, cosa que ya sabíamos desde el principio de los tiempos, con banda o sin ella. Luego tuvimos que buscarle un nombre, y no es por tirarme el folio, pero fue a mí a quien se le ocurrió:

–Ahora que la sita Asunción nos hace lavarnos a tope todos los días para no morir asfixiada, podríamos llamarnos la banda de los Pies Sucios y hacer honor a nuestro nombre – diciendo esto me sentía completamente salvaje, yeah.

–Serás tú el que puedas, porque a mí desde que la sita dijo que olíamos putrefactamente mi madre no me deja salir si no me he lavado con estropajo todas las partes de mi cuerpo –dijo el Orejones.

–Ni a mí –dijo Paquito Medina.

La cruda realidad nos había chafado mi gran idea.

–Entonces nos llamaremos Pies Limpios – se le ocurrió al Orejones.

Le miramos de arriba abajo. ¡Pies Limpios! Una banda decente jamás se llamaría Pies Limpios. La desolación inundó el salón del Orejones.

  • Bueno, qué pasa, actuaremos sólo los fines de semana, cuando podamos ser los auténticos Pies Sucios – esto lo dijo Yihad quitándose los calcetines y pisando el suelo.

Aquel fue el principio de los Pies Sucios, aquella mítica banda de Carabanchel Alto que actuaba solamente sábados y domingos, que tenía como meta en la vida luchar contra el mal, que no tenía un perro cinematográfico, pero se conformó con la Boni, la perra de la Luisa (a la que había que llevar en brazos porque no era exactamente una perra de acción), y que no tenía un cobertizo pero que fijó el lugar de reunión en el Árbol del Ahorcado.

Los Pies Sucios debían salir por pies de casa antes de que una madre les rompiera el hechizo de su poder con agua y jabón. Los Pies Sucios se descalzaban en la calle y pisaban el suelo sin piedad hasta conseguir unos pies terriblemente negros. Los Pies Sucios tuvieron un tesorero, que se llamaba Manolito Gafotas. A este tipo le nombraron tesorero porque era un tipo de fiar y porque tenía un cerdo-hucha libre para poder meter el dinero de la banda. El dinero de los Pies Sucios se utilizaría sólo para las misiones especiales.

La primera misión especial que el jefe de los Pies Sucios propuso fue echar a los tíos del Instituto Baronesa Thyssen del parque del Ahorcado, porque habían tomado el parque como un campo de fútbol y no dejaban a los viejos y a los niños pequeños disfrutar de las magníficas instalaciones del parque con tranquilidad (las magníficas instalaciones son un banco, dos columpios, la tierra y el propio Árbol del Ahorcado). Cuando el jefe pidió voluntarios para tan arriesgada misión nadie levantó la mano. ¿Por qué? Porque los Pies Sucios aman demasiado la vida para enfrentarse con unos tíos que gastan un 43 de pie. El jefe (Yihad) dijo que no importaba que no hubiera voluntarios porque iríamos a la fuerza.

Aquel domingo maldito los Pies Sucios salieron de sus casas, se descalzaron en el parque y se sentaron a esperar a que llegara la banda del Baronesa.

A los tres cuartos de hora aparecieron. Ni nos miraron. Empezaron a tirarse el balón como bestias. Yihad nos hizo una seña y con el miedo en el cuerpo salimos al ruedo a actuar. Nos pusimos en mitad del parque para no dejarles jugar. Allí estábamos, descalzos: Paquito Medina, Arturo Román, Orejones, Yihad, Manolito y el Imbécil, los Pies Sucios.

– ¡Quitaos de en medio, enanos! – gritó uno de los Thyssen.

Pero como no nos quitamos siguieron jugando sobre nuestras cabezas. El balón sobrevolaba mis pensamientos. Por un momento me sentí como uno de esos pobres bolos a los que hay que cargarse en las boleras. Pensé en mis gafas, en lo poco que me habían durado estas últimas. Sólo se oía el chup–chup que hace el Imbécil con el chupete cuando está nervioso y las patadas que los del Baronesa daban al balón. Cerré los ojos porque me imaginaba que de un momento a otro un balonazo me derribaría y no quería verlo. No soy un niño masoquista. Pero cuando los abrí no era yo el que estaba en el suelo...

Había sucedido algo nuevo en la historia de Carabanchel Alto; por una vez en la vida no había sido yo el herido, el que estaba en el suelo era Yihad, que se llevaba la mano a la cara.

  • La culpa la habéis tenido vosotros por molestar – dijo uno del Thyssen.

Los Pies Sucios retiraron a su jefe, que no podía abrir el ojo derecho. Los del Baronesa siguieron jugando como si nada en cuanto nos llevamos arrastrando al herido. Fue la primera baja de la banda y la última, porque el jefe decidió que ese tipo de misiones especiales eran una tontería, que en realidad la tranquilidad de los ancianos y los niños le importaba un pepino.

– ¿A qué nos dedicaremos ahora? – preguntó el Orejones.

  • Seremos una asociación de carácter cultural – dijo Yihad.

Así que decidimos que el dinero del cerdo–hucha se dedicaría a actividades del tipo de visitar el puesto del señor Mariano, llenar una bolsa de chucherías y ver una película en casa del Orejones.

Volvíamos a estar como siempre, pero con tesorero. Bueno, era emocionante formar parte de la Asociación Cultural Pies Sucios y compartir el dinero con tus mejores amigos. Los sábados llegábamos a casa del Orejones, nos descalzábamos y nos veíamos una película y acabábamos con nuestras existencias y las de la madre del Orejones, que es una madre de película tridimensional. Luego, ya tarde, cuando los del Thyssen habían acabado su partido y se habían ido a los billares, íbamos al parque del Ahorcado y allí jugábamos a la película. Si había sido Robin de los Bosques, pues a Robin; si había sido Batman, pues a Batman; si Los Tres Mosqueteros, pues a los Tres Mosqueteros (Yihad siempre tenía que ser D'Artagnan; yo tenía que conformarme con lo que me cayera. En una ocasión me tocó ser el cardenal Richelieu.).

La tercera semana de vida de nuestra Asociación Cultural Pies Sucios había empezado a ocurrir una cosa muy extraña: cada vez aportábamos más dinero a la Asociación y cada vez había menos dinero. Yo había logrado disimular las pérdidas poniendo dinero de mi cerdo particular, pero llegó un momento en que los dos cerdos estaban en las últimas.

Me presenté sudando a una de nuestras sesiones en casa del Orejones. Las cuentas no me cuadraban y temía la expulsión. No pudimos comprar casi nada, pero me libré del castigo del jefe porque el Imbécil compartió su bolsa de chucherías con todo el mundo. Era una bolsa tremenda. El Imbécil iba ganando popularidad mientras yo la iba perdiendo. Se estaba convirtiendo en el protegido de Yihad. Eso era terrible para mí: era como tener al enemigo en casa.

– ¿Qué haces con nuestro dinero, Manolito? – gritó Yihad.

– ¡Eso! ¿Qué haces? – gritaron rodeándome mis mejores amigos.

Estaban a punto de hacerme un consejo de guerra cuando el Imbécil dijo:

  • El nene compra con el cerdo.

Dicho esto, y con todo el morro del mundo, se sacó un montón de monedas del bolsillo y se las puso en la mano a Yihad con una sonrisa de oreja a oreja (y tiene las orejas muy separadas). El Imbécil había estado abriéndole la tripa al cerdo todo el tiempo, comprando por su cuenta y haciéndonos regalos con nuestro propio dinero.

Nos comimos el resto, nos vimos la película y disolvimos la Asociación. Podíamos hacer lo mismo sin asociación ni nada. Al fin y al cabo siempre éramos los mismos, jugando a lo mismo y comiendo las mismas marranadas. La diferencia: cada uno con su dinero en el bolsillo, así no habría problemas ni cuentas pendientes. Los Pies Sucios no volvieron a actuar.

Aquella tarde, cuando volví a casa, mi madre borró el último recuerdo de la Asociación poniéndome los pies debajo del grifo. De algo estaba seguro: si alguno de nosotros tenía sangre fría suficiente para dirigir una banda organizada ese era... el Imbécil.


ELVIRA LINDO
Todo Manolito
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© Itinerarium 2011

DIRECCIÓN: Narcís Vives
COLABORADORES:

  • PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Antonio Cara
  • DIRECCIÓN CONTENIDOS: Mª Cristina Pérez y Magdalena Garzón
  • DIRECCIÓN TÉCNICA: Maite Vílchez
  • AUTORÍA: Sonia Hurtado y Magdalena Garzón
  • CORRECCIÓN ESTILO VERSIÓN CASTELLANA: Anna Betriu y Joan Martín
  • MAQUETACIÓN: Maite Vílchez y Miquel Gordillo
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